Cambios en regulaciones de Banxico para pagos digitales en 2026

Tabla de contenidos


Resumen de cambios

Nuevos límites para pagos digitales

  • Qué cambia: Banxico ajusta reglas de cuentas y transferencias para impulsar pagos digitales (incluye la creación de Nivel 2 Bis y estandarización de transferencias en apps).
  • A quién afecta: principalmente a personas físicas con micro y pequeños comercios (economía de barrio) y a usuarios que hacen transferencias desde el celular.
  • Cifras clave: 15,000 UDIs/mes de abonos para Nivel 2 Bis, con mínimo digital de 12,000 UDIs (SPEI/CoDi/DiMo). En Nivel 2, el tope era 3,000 UDIs/mes.
  • Cómo leer los montos: los límites están en UDIs, por lo que el equivalente en pesos cambia con el tiempo; por eso aquí se muestran como aproximados.
  • Banxico modificó en el DOF dos circulares clave (3/2012 y 14/2017) para modernizar pagos digitales.
  • Nacen las cuentas Nivel 2 Bis, pensadas para personas físicas con micro y pequeños comercios.
  • Suben los topes: hasta 15,000 UDIs mensuales (≈130,000 pesos), con un mínimo digital de 12,000 UDIs vía SPEI/CoDi/DiMo.
  • Nota de lectura: la UDI (Unidad de Inversión) es la unidad en la que Banxico fija estos límites; por eso las equivalencias en pesos se expresan como aproximadas.
  • La implementación será gradual y busca cerrar la brecha entre infraestructura y adopción real.

Modificaciones normativas del Banco de México

Cambios oficiales en circulares Banxico

  • Publicación oficial: los cambios se publicaron en el Diario Oficial de la Federación (DOF) y modifican las Circulares 3/2012 y 14/2017 de Banxico.
  • Instrumentos clave mencionados en la cobertura pública:
  • Circular 3/2012 (reglas operativas de instituciones/productos; base para niveles de cuenta).
  • Circular 14/2017 (reglas operativas del SPEI).
  • Para lectura y verificación, el punto de partida más confiable es el DOF y los documentos de Banxico asociados a dichas circulares (las notas periodísticas suelen resumir, pero pueden omitir detalles operativos).

En 2026, el Banco de México (Banxico) publicó en el Diario Oficial de la Federación cambios que, por su alcance, apuntan a reordenar el ecosistema de pagos digitales en México.

En concreto, se trata de dos modificaciones normativas a las circulares 3/2012 y 14/2017, que impactan tanto el diseño de ciertos niveles de cuenta como reglas operativas del sistema de transferencias. Los cambios recaen sobre dos instrumentos regulatorios que ya estructuraban buena parte de la operación cotidiana del sistema: la Circular 3/2012 y la Circular 14/2017. En términos prácticos, el ajuste no se limita a “letras pequeñas”: toca la forma en que usuarios y comercios envían y reciben dinero, y cómo las instituciones financieras deben presentar esa experiencia en canales móviles.

La Circular 3/2012 —enfocada en reglas operativas para instituciones y productos— se actualiza para introducir un nuevo escalón de cuenta: Nivel 2 Bis. La lógica detrás de esta creación es reconocer que existe un segmento masivo de la economía que opera con dinámica comercial (cobros frecuentes, montos acumulados relevantes), pero que históricamente ha quedado atrapado entre límites transaccionales demasiado bajos y requisitos de formalidad que no siempre son viables. En otras palabras: Banxico ajusta el “tamaño” regulatorio del producto a la realidad de la economía de barrio.

La Circular 14/2017, por su parte, regula la operación del SPEI (Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios). Su modificación se orienta a simplificar y estandarizar la experiencia de transferencias digitales, particularmente en aplicaciones móviles. La intención es que transferir dinero sea más uniforme entre bancos y fintechs: menos fricción por diferencias de interfaz, más claridad para el usuario y, en consecuencia, más probabilidad de uso recurrente.

En el trasfondo hay un diagnóstico conocido: pese a los avances de banca digital y fintech, el efectivo sigue dominando. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 estima que alrededor de 85% de las transacciones se realizan en efectivo (una reducción frente a 2021, cuando era 90%). Al mismo tiempo, la infraestructura sí ha crecido: el SPEI procesó más de 7.4 mil millones de operaciones en 2025, con crecimiento anual de 37%. El problema, entonces, no es solo “capacidad de rieles”, sino adopción y usabilidad.

Las reformas también incorporan un énfasis en seguridad y prevención de fraude, con protocolos más estrictos para participantes del ecosistema SPEI. La apuesta regulatoria es doble: por un lado, hacer más fácil el uso (estandarización); por el otro, elevar confianza (seguridad). En conjunto, Banxico busca que el pago digital deje de ser una excepción “para quien sabe” y se convierta en un hábito accesible para millones.

Cuentas Nivel 2 Bis y su impacto en micro y pequeños comercios

La pieza más visible —y probablemente más discutida— de los cambios de 2026 es la creación de las cuentas Nivel 2 Bis, un producto diseñado para personas físicas que, además, operan micro y pequeños comercios. Banxico pone nombre y estructura a un perfil común en México: quien atiende una tienda de abarrotes, una panadería, una tortillería, un salón de belleza o una ferretería; negocios que sostienen la economía cotidiana, pero que no siempre encajan en la banca tradicional.

Característica Nivel 2 Nivel 2 Bis
Tope mensual de abonos (en UDI) 3,000 UDIs 15,000 UDIs
Equivalencia en pesos (aprox., depende de la UDI) ≈26,462 MXN ≈130,000–132,000 MXN
Enfoque típico uso personal/digital personas físicas con micro y pequeños comercios
Condición de “mínimo digital” no indicada aquí 12,000 UDIs deben venir de SPEI/CoDi/DiMo
Apertura (onboarding) digital con ID básica digital; la investigación reporta que puede ser en línea y sin RFC

El cambio central está en los límites mensuales de depósitos/abonos. Mientras las cuentas Nivel 2 anteriores contemplaban un tope de 3,000 UDIs, el nuevo Nivel 2 Bis permite recibir hasta 15,000 UDIs mensuales, equivalentes a aproximadamente 130,000 pesos (cifra referida en el contexto de publicación). La diferencia no es marginal: multiplica por cinco el margen operativo para comercios que, aunque pequeños, tienen rotación constante y cobran a muchos clientes.

Pero el diseño no es solo “más límite”. Banxico introduce una condición que convierte a la cuenta en un incentivo directo a la digitalización: al menos 12,000 UDIs de esas 15,000 deben provenir de pagos digitales como SPEI, CoDi y DiMo. Es decir, el mayor beneficio (capacidad transaccional) está atado a la adopción de rieles electrónicos. En la práctica, la regulación premia el cobro digital recurrente, no el uso ocasional.

Este punto es clave para entender el impacto potencial en la formalización. Los pagos digitales generan registros y trazabilidad; por eso, para algunos negocios informales, el efectivo ha sido una forma de operar “sin huella”. Con Nivel 2 Bis, Banxico no obliga a formalizar de golpe, pero sí crea una ruta: si el comercio quiere operar con un límite más realista, necesita que una parte sustantiva de su flujo entre por canales digitales. La formalización deja de ser un discurso y se vuelve una consecuencia operativa.

Otro elemento relevante es el onboarding simplificado. La investigación disponible apunta a que estas cuentas pueden abrirse en línea y sin requerir RFC, reduciendo barreras para quienes no tienen toda su documentación fiscal en regla o para trabajadores independientes que mezclan ingresos personales y del negocio. Aun así, el Nivel 2 Bis se ubica por encima de cuentas de entrada: contempla estándares de verificación de identidad más altos que niveles inferiores, aunque sin llegar a la exigencia de cuentas comerciales plenas.

Desde la óptica del ecosistema, el Nivel 2 Bis también redefine el mercado para bancos, fintechs y procesadores: amplía el universo de comercios que pueden operar con límites útiles sin migrar a productos empresariales. Para STP, empresa de infraestructura de pagos, estas disposiciones son un “parteaguas” porque el marco regulatorio podría alcanzar a comercios que históricamente han operado fuera de la economía digital.

Esta lectura es una valoración del sector: la norma define incentivos y requisitos, mientras que la velocidad de adopción dependerá de la implementación por instituciones y del cambio de hábitos en comercios y usuarios.

“Estas disposiciones de Banxico son una señal clara de que la regulación está alineándose con la realidad operativa del comercio en México… el ecosistema tiene las condiciones para que un pequeño comercio pueda recibir un pago digital con la misma facilidad con la que recibe un billete.”
Jaime Márquez Poo, socio y director Ejecutivo de Desarrollo de Negocios en STP.

En suma, el Nivel 2 Bis no es solo una nueva etiqueta: es un intento de ajustar el producto financiero al tamaño real del comercio de barrio y, al mismo tiempo, empujar la adopción de pagos digitales con un incentivo estructural.

Límites de transacciones y requisitos de pagos digitales

Asegura tu mínimo digital
1) Define tu “mínimo digital”: si quieres aprovechar el tope de Nivel 2 Bis, planea que una parte sustantiva de tus cobros entre por SPEI/CoDi/DiMo (la regla menciona 12,000 UDIs como mínimo digital).
2) Habilita al menos un canal de cobro:

  • SPEI: comparte CLABE/tarjeta y confirma el abono.
  • CoDi: genera cobro (QR/NFC) y valida el pago.
  • DiMo: vincula número móvil y prueba transferencias pequeñas.

3) Checkpoint semanal (operativo): revisa en tu app/estado de cuenta qué porcentaje de abonos llegó por riel digital vs efectivo/depósitos.
4) Si no estás llegando al mínimo: suele fallar por (a) clientes que no saben pagar, (b) señal/datos, (c) fricción en la app, (d) falta de visibilidad en el punto de venta. Ajusta: letrero con instrucciones, “guion” de cobro, y prueba un segundo riel (por ejemplo, SPEI + CoDi).

Los límites y requisitos son el corazón operativo de cualquier regulación de cuentas: determinan qué tan útil es un producto para la vida real. En el caso de las reformas de 2026, Banxico mueve dos palancas a la vez: eleva el techo para un segmento específico y condiciona ese techo a un comportamiento deseado: recibir pagos digitales.

El dato más citado es el nuevo máximo mensual del Nivel 2 Bis: 15,000 UDIs (≈130,000 pesos). Este límite busca ser compatible con la realidad de micro y pequeños comercios que, aunque no son medianas empresas, sí pueden acumular montos relevantes por volumen de ventas. Frente al tope previo de 3,000 UDIs en Nivel 2, el salto es significativo y responde a una queja histórica: límites demasiado bajos obligaban a operar en efectivo o a fragmentar operaciones.

La condición, sin embargo, es igual de importante: al menos 12,000 UDIs deben provenir de pagos digitales. Banxico no se limita a permitir más; define de dónde debe venir la mayor parte del flujo. En términos de política pública, esto funciona como un “acelerador” de adopción: si el comercio quiere aprovechar el límite, necesita que su clientela pague por SPEI, CoDi o DiMo.

Aquí conviene distinguir los rieles mencionados:

(En este artículo, “rieles” se usa como sinónimo de infraestructura/canales por los que viajan los pagos digitales dentro del sistema regulado.)

  • SPEI: el sistema interbancario de transferencias, ya masivo en volumen y crecimiento.
  • CoDi: esquema de cobro digital impulsado para pagos cotidianos.
  • DiMo: pagos/transferencias vinculadas a número móvil, orientadas a facilidad de uso.

Al incluir explícitamente estos canales, la regulación no deja dudas sobre el tipo de digitalización que busca: pagos interoperables, trazables y dentro del sistema regulado.

Además, Banxico empuja la estandarización de la experiencia de transferencias en apps móviles. Aunque esto no es un “límite” en sentido estricto, sí es un requisito operativo para instituciones: ofrecer una experiencia más uniforme y simplificada reduce errores, fricción y abandono. En un país donde la adopción se frena por desconfianza y complejidad, la interfaz se vuelve parte de la política de pagos.

La investigación también describe una estructura de niveles que ayuda a entender el lugar del Nivel 2 Bis:

  • Nivel 1: límite de 750 UDIs mensuales (≈6,615 pesos), onboarding mínimo.
  • Nivel 2: límite de 3,000 UDIs (≈26,462 pesos), identificación básica.
  • Nivel 2 Bis: límite de 15,000 UDIs (≈132,000 pesos), enfoque en pequeños negocios, con mínimo digital.
  • Niveles 3/4: mayores límites y KYC completo.

En la práctica, el Nivel 2 Bis se coloca como un puente: más capacidad que cuentas de entrada, pero sin exigir el salto completo a productos empresariales tradicionales. El requisito de pagos digitales actúa como filtro y como incentivo: quien opera principalmente en efectivo puede abrir la cuenta, pero para aprovecharla al máximo debe migrar parte sustantiva de su flujo a canales electrónicos.

Este diseño también tiene implicaciones para la trazabilidad: más pagos digitales significan más registros. Banxico no lo plantea como una medida fiscal, pero sí como un paso hacia una economía “más formal, más trazable y más incluyente”, en palabras del propio sector.

Implementación gradual de las nuevas disposiciones

Implementación de pagos digitales por etapas

  • Etapa 1 (institución financiera): habilitar el producto Nivel 2 Bis (contratación digital, límites, reporteo) y ajustar flujos de SPEI/CoDi/DiMo para identificar abonos digitales.
  • Etapa 2 (app/experiencia): implementar la estandarización de transferencias en móvil (pantallas, confirmaciones, mensajes de error) y pruebas con usuarios.
  • Etapa 3 (seguridad): reforzar monitoreo y controles antifraude/ciberseguridad antes de escalar volumen.
  • Etapa 4 (comercio): activar el canal de cobro (SPEI/CoDi/DiMo), capacitar a quien cobra y colocar instrucciones visibles para clientes.
  • Señales de que ya “aterrizó” en tu zona: tu banco/fintech ya ofrece Nivel 2 Bis en app, puedes ver claramente abonos por riel digital, y las transferencias se confirman con pasos similares entre apps.

Una reforma regulatoria puede ser ambiciosa en papel y, aun así, tardar en sentirse en la calle. En este caso, tanto el sector como los análisis coinciden en un punto: la implementación será escalonada. Eso significa que el impacto no ocurrirá de forma homogénea ni inmediata; dependerá de cómo cada institución financiera traduzca las nuevas reglas en productos, procesos y experiencia de usuario.

La gradualidad responde a una realidad operativa: estandarizar transferencias en apps, ajustar niveles de cuenta, reforzar protocolos de seguridad y habilitar onboarding digital no es un simple cambio de “configuración”. Implica desarrollo tecnológico, rediseño de flujos, capacitación interna, ajustes de cumplimiento y, en algunos casos, inversión adicional en ciberseguridad. En un ecosistema donde conviven bancos grandes, bancos medianos, sofipos y fintechs, la velocidad de ejecución será desigual.

Desde la perspectiva de STP, la implementación gradual también se entiende como una forma de cerrar la brecha entre infraestructura disponible y adopción real. México ya cuenta con rieles robustos —SPEI es el ejemplo más claro—, pero la adopción en pequeños comercios no ha seguido el mismo ritmo. La reforma intenta alinear incentivos (Nivel 2 Bis) y reducir fricción (estandarización de UX), pero el cambio de hábito requiere tiempo.

Otro factor que empuja la gradualidad es el componente de seguridad. La investigación menciona requisitos más estrictos de ciberseguridad y protocolos para reducir fraude en el ecosistema SPEI. Esto suele traducirse en etapas: pruebas, auditorías, ajustes, monitoreo. En pagos, un despliegue apresurado puede aumentar riesgos; por eso, la implementación escalonada es una forma de controlar impactos no deseados.

También hay un componente de aprendizaje del usuario. Aunque Banxico busque que transferir sea más simple y uniforme, la adopción depende de que comercios y clientes entiendan cómo cobrar y pagar con SPEI, CoDi o DiMo. En la economía de barrio, la adopción suele ser incremental: primero se acepta transferencia “si el cliente insiste”, luego se vuelve opción visible, y finalmente se integra al flujo diario. La regulación puede acelerar, pero no sustituye la curva de aprendizaje.

La gradualidad, sin embargo, tiene un costo: durante un tiempo coexistirán experiencias distintas entre instituciones. Un usuario podría ver una interfaz más simple en una app y más compleja en otra; un comercio podría tener acceso al Nivel 2 Bis en una institución antes que en otra. Esa asimetría puede generar confusión, pero también competencia: quien implemente mejor y antes podría capturar mercado en el segmento de microcomercios.

En el mediano plazo, el objetivo es que la estandarización y el nuevo nivel de cuenta se vuelvan “normalidad” y no excepción. La reforma está diseñada para que el ecosistema tenga condiciones de uso cotidiano: que un pequeño comercio reciba un pago digital con la misma facilidad con la que recibe efectivo. La implementación gradual es, en ese sentido, el puente entre la norma y la práctica.

Avances en inclusión financiera para pequeñas empresas

Capacidad digital, adopción pendiente

  • Contexto de uso de efectivo: la ENIF 2024 estima que alrededor de 85% de las transacciones se realizan en efectivo (vs. 90% en 2021).
  • Escala de infraestructura: el SPEI procesó más de 7.4 mil millones de operaciones en 2025 (crecimiento anual reportado de 37%).
  • Lectura práctica: hay capacidad en los rieles; el cuello de botella suele estar en adopción, usabilidad y confianza (especialmente en microcomercios).

La inclusión financiera suele medirse en cuentas abiertas, acceso a crédito o uso de servicios formales. Pero en el comercio pequeño, la inclusión también se juega en algo más básico: poder cobrar de manera eficiente, segura y con límites que reflejen la realidad del negocio. En ese terreno, las reformas de Banxico en 2026 —y en particular el Nivel 2 Bis— se presentan como uno de los avances más relevantes para micro y pequeñas empresas en los últimos años, según la valoración del propio sector.

El punto de partida es claro: México sigue siendo un país de efectivo. La ENIF 2024 estima que la mayoría de las transacciones se hacen en cash. Esa dependencia no solo es cultural; también es resultado de barreras prácticas: comisiones percibidas como altas, falta de conectividad, desconfianza, interfaces confusas y límites de cuentas que no sirven para operar un negocio con flujo constante. Cuando un comercio no puede recibir montos suficientes en una cuenta simplificada, el efectivo se vuelve la salida natural.

El Nivel 2 Bis intenta resolver una parte de ese rompecabezas: capacidad transaccional adecuada para microcomercios, sin exigir de entrada el paquete completo de requisitos de una cuenta empresarial tradicional. Al permitir hasta 15,000 UDIs mensuales, Banxico reconoce que el comercio de barrio mueve más dinero del que los límites anteriores permitían canalizar digitalmente. Y al exigir que 12,000 UDIs provengan de pagos digitales, empuja a que ese flujo se formalice en rieles electrónicos.

Este diseño tiene implicaciones directas para la inclusión:

  1. Acceso funcional al sistema de pagos: no basta con “tener cuenta”; se necesita que la cuenta soporte el volumen real del negocio.
  2. Menos fricción de entrada: la posibilidad de abrir en línea y sin RFC (según la investigación) reduce barreras para quienes operan en esquemas mixtos o informales.
  3. Puente hacia servicios formales: al generar historial de transacciones digitales, el comercio puede construir trazabilidad, un insumo básico para acceder a productos financieros más sofisticados en el futuro (sin que la reforma lo prometa explícitamente, es una consecuencia lógica de la digitalización).

La estandarización de transferencias móviles también es inclusión, aunque parezca un tema “de diseño”. En la práctica, una interfaz confusa excluye: si el usuario se equivoca, teme perder dinero o no entiende cómo confirmar una operación, vuelve al efectivo. Banxico busca que el aprendizaje sea transferible: lo que el usuario entiende en una app debería funcionar de forma similar en otra.

En paralelo, el crecimiento del SPEI muestra que la infraestructura está lista para soportar más inclusión. Con 7.4 mil millones de operaciones en 2025 y crecimiento anual de 37%, el sistema tiene escala. El reto es que esa escala llegue a la economía de barrio, donde CoDi y DiMo han tenido adopción más lenta, especialmente fuera de zonas urbanas.

La inclusión financiera para pequeñas empresas, en este contexto, no es solo abrir puertas; es ajustar el marco para que el comercio pequeño pueda entrar sin quedarse atorado en el umbral. Banxico parece apostar por una inclusión pragmática: límites realistas, incentivos a pagos digitales y una experiencia de transferencia menos fragmentada.

Beneficios de la adopción de pagos digitales

La adopción de pagos digitales suele presentarse como una modernización inevitable. Pero para un microcomercio, la pregunta es más concreta: ¿qué gano si dejo de depender del efectivo? Las reformas de Banxico en 2026 apuntan a que los beneficios sean más tangibles, al alinear incentivos (Nivel 2 Bis) y reducir fricción (estandarización de transferencias). En ese marco, los beneficios se pueden leer en tres capas: operativa, de seguridad/confianza y de integración a la economía formal.

El primer beneficio es la facilidad de cobro y recepción. Si el ecosistema logra lo que la regulación busca, el pago electrónico deja de ser un “favor” al cliente y se vuelve una opción cotidiana. SPEI, CoDi y DiMo están en el centro de esa promesa: transferencias y cobros que no dependan de terminales costosas ni de procesos complicados.

El segundo beneficio es la trazabilidad. Los pagos digitales generan registros: quién pagó, cuánto, cuándo. Esa trazabilidad tiene dos lecturas. Para el comercio, puede significar mejor control del flujo y menos dependencia de cortes manuales. Para el sistema, significa una economía más auditable. STP lo resume como el inicio de una economía “más formal, más trazable y más incluyente”. La regulación, al condicionar el Nivel 2 Bis a un mínimo de pagos digitales, convierte esa trazabilidad en un componente estructural del producto.

El tercer beneficio es la reducción de dependencia del efectivo, que en México sigue siendo dominante. Dado el peso del efectivo, cualquier migración marginal tiene impacto. Menos efectivo puede implicar menos manejo físico de dinero y, por extensión, menos exposición a riesgos asociados al traslado y resguardo. La reforma no cuantifica estos efectos, pero sí parte del diagnóstico de que el efectivo sigue siendo el principal medio de pago y que hay que mover la aguja.

Un cuarto beneficio, más sistémico, es la interoperabilidad. SPEI ya es un riel interbancario masivo; al estandarizar la experiencia de transferencias móviles, Banxico busca que el usuario no “sienta” las fronteras entre instituciones. En pagos, la interoperabilidad no es solo técnica: es psicológica. Si el usuario percibe que transferir es igual de simple sin importar el banco, aumenta la probabilidad de uso.

Finalmente, está el beneficio de acceso ampliado para segmentos históricamente fuera de la economía digital. El Nivel 2 Bis está pensado para personas físicas con micro y pequeños comercios que antes chocaban con límites transaccionales que no correspondían a su actividad. Al elevar el tope a 15,000 UDIs, Banxico hace que el pago digital sea viable para negocios que mueven la economía de barrio.

Nada de esto garantiza adopción automática. Pero la reforma intenta que el beneficio sea inmediato: si el comercio recibe pagos digitales, puede operar con un límite mensual mucho más alto. Es un incentivo directo, no una promesa abstracta.

Desafíos en la adopción de las nuevas regulaciones

Equilibrios en pagos digitales

  • Más límite y más utilidad (Nivel 2 Bis) vs más disciplina operativa: para aprovechar el tope, el comercio necesita impulsar cobros por SPEI/CoDi/DiMo y dar seguimiento a su mezcla de abonos.
  • Experiencia más uniforme en apps vs periodo de convivencia desigual: durante la implementación gradual, habrá instituciones que simplifiquen antes que otras, lo que puede confundir a usuarios.
  • Más trazabilidad y control vs temor y resistencia: algunos comercios pueden percibir los pagos digitales como “más exposición” (por fiscalización o por fraude), aunque el objetivo regulatorio sea inclusión.
  • Más seguridad en el ecosistema vs fricción inicial: controles antifraude/ciberseguridad pueden añadir pasos o validaciones que, si no están bien diseñadas, se sienten como obstáculos.
  • Impulso a pagos digitales vs brecha digital: conectividad intermitente (por ejemplo, zonas con 3G) puede volver frustrante el uso cotidiano.

Las reformas de Banxico en 2026 están diseñadas para acelerar pagos digitales, pero su éxito depende de factores que van más allá de la norma. Los desafíos se concentran en tres frentes: cultura y confianza, brecha digital e implementación desigual.

El primer desafío es la resistencia cultural al pago digital, especialmente en pequeños comercios. La investigación señala temores recurrentes: miedo a la fiscalización, desconfianza por fraude o simplemente falta de familiaridad. En la economía de barrio, el efectivo no solo es costumbre; es un mecanismo de control inmediato: se ve, se cuenta, se guarda. Cambiar eso requiere más que un nuevo tipo de cuenta: requiere confianza en que el dinero “llega”, se puede usar y no se pierde en el camino.

El segundo desafío es la brecha digital. La adopción de pagos digitales depende de conectividad y dispositivos. En zonas rurales o con infraestructura limitada —donde puede haber solo redes 3G—, abrir cuentas en línea, usar apps y realizar transferencias puede ser intermitente o frustrante. La regulación puede estandarizar la


En PagoonlineMexico, el análisis se enfoca en cómo cambios como el Nivel 2 Bis y la estandarización de transferencias se traducen en operación diaria para comercios y usuarios; la edición está a cargo de Sofia Cruz, especialista en pagos digitales en México con trayectoria de 20 años en fintech e instituciones financieras en el país.

Este texto se basa en información pública disponible al momento de su redacción sobre cambios regulatorios previstos para 2026 y su posible impacto en pagos digitales. Los montos en pesos son aproximados, ya que los límites se expresan en UDIs y su valor puede variar con el tiempo. La disponibilidad de Nivel 2 Bis y la experiencia en aplicaciones pueden diferir entre instituciones durante una implementación gradual, por lo que podrían presentarse ajustes o actualizaciones.

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