Caída del uso efectivo en México y el auge de pagos digitales

Tabla de contenidos


Previsión del uso de efectivo en México

Canal 2025 (participación del efectivo) 2030 (proyección) Cambio esperado
Puntos de venta (POS) 40% del valor de transacciones 35% -5 pp
Comercio electrónico 9% del valor de transacciones 7% -2 pp
  • Baje en puntos de venta de 40% del valor de transacciones en 2025 a 35% en 2030.
  • En comercio electrónico, el efectivo pasaría de 9% (2025) a 7% (2030).
  • Tarjetas y billeteras digitales sostienen el cambio: en e-commerce, las tarjetas concentraron 57% en 2025.
  • Una campaña para pagar gasolina con medios digitales busca acelerar el hábito y la adopción.

Estas proyecciones y participaciones se reportan en el Global Payments Report 2025.

Proyección de la disminución del uso de efectivo en México

México se encamina a una reducción gradual —no abrupta— del uso de efectivo durante la segunda mitad de la década. La proyección más citada en el mercado proviene del Global Payments Report 2025.

Datos clave (según el Global Payments Report 2025)

  • Efectivo en POS: 40% (2025) → 35% (2030).
  • Efectivo en e-commerce: 9% (2025) → 7% (2030).
  • Tarjetas en e-commerce: 57% (2025) → 54% (2030).
  • Billeteras digitales: e-commerce 26% (2025) → 30% (2030); POS 9% (2025) → 14% (2030).

La lectura detrás de estos porcentajes es doble. Por un lado, el efectivo sigue siendo relevante en México, especialmente en compras de menor monto y entre segmentos subbancarizados. Por otro, la tendencia apunta a una migración sostenida hacia alternativas electrónicas: tarjetas, billeteras digitales y otros medios de pago. El propio reporte atribuye el descenso a la mayor adopción de instrumentos digitales, impulsada por la búsqueda de experiencias “más rápidas, simples y seguras”.

Del acceso al hábito digital
1) Infraestructura y aceptación: más terminales, más pagos sin contacto y más opciones en checkout hacen que el pago digital “esté a la mano”.

  • Checkpoint: si el método falla (caídas, mala conectividad, rechazo), el usuario vuelve al efectivo.

2) Adopción por repetición: cuando el método funciona en compras frecuentes, se vuelve la opción por defecto.

  • Checkpoint: la primera experiencia (alta/baja fricción) define si el usuario repite.

3) Hábito y arrastre: una vez instalado el hábito, el pago digital se traslada a otros momentos de consumo (de online a presencial, o de un sector a otro).

  • Checkpoint: si el comercio no comunica claramente “se acepta” o el flujo es confuso, el hábito no escala.

En términos de estructura de mercado, el cambio no implica que el efectivo desaparezca, sino que pierde peso relativo conforme crece la infraestructura y la aceptación. En 2025, las tarjetas ya concentraban 52% del valor de las transacciones en puntos de venta, mientras que las billeteras digitales tenían 9%; hacia 2030, se prevé que las billeteras suban a 14% en POS. En paralelo, el efectivo retrocede cinco puntos porcentuales en el mismo periodo.

La proyección también sugiere que los grandes “aceleradores” no vendrán solo del e-commerce —donde el efectivo ya es bajo—, sino de sectores cotidianos con alta frecuencia de compra. Ahí entra el combustible: incentivar pagos digitales en gasolineras se plantea como un mecanismo para crear hábito y, con ello, arrastrar el comportamiento de pago a otros momentos del consumo.

Impacto de los pagos digitales en el comercio electrónico

El comercio electrónico es el escaparate más claro de la transición: el efectivo ya no es el protagonista y, además, su participación seguirá cayendo. En e-commerce, su participación seguirá cayendo. La cifra es pequeña, pero significativa por lo que revela: incluso en un canal donde el pago digital es casi condición de entrada, todavía existe una fracción que se liquida en efectivo, y esa fracción se reduce conforme se consolidan alternativas.

En este entorno, los pagos digitales no solo facilitan la compra: definen la experiencia. El reporte identifica dos grandes ganadores en el comercio electrónico mexicano: tarjetas y billeteras digitales. Las tarjetas de crédito, débito y prepago concentraron 57% del valor de las transacciones en 2025, y se espera que sigan dominando, aunque con una ligera reducción hacia 2030 (proyección de 54%). En paralelo, las billeteras digitales crecen: de 26% en 2025 a 30% en 2030.

Optimiza pagos: conversión y confianza

  • Conversión (que el pago se complete): prioriza métodos “esperados” por el usuario (tarjeta y billetera) y reduce pasos en el checkout.
  • Fricción (tiempo y esfuerzo): credenciales guardadas, pagos con un toque y flujos cortos suelen bajar abandonos; si el método pide demasiados datos, sube el abandono.
  • Confianza (percepción de seguridad): señales como autenticación del dispositivo, tokenización y marcas conocidas ayudan; si el usuario duda, cambia de método o abandona.
  • Decisión práctica: si tu audiencia compra desde móvil, billeteras y pagos con credenciales guardadas suelen impactar más; si compra con financiamiento, el crédito sigue siendo clave.

Ese reacomodo tiene implicaciones prácticas. Para los comercios, el peso de tarjetas y billeteras significa que la conversión (que el usuario termine pagando) depende de ofrecer métodos familiares y percibidos como seguros. Para los consumidores, la preferencia por medios “más rápidos, simples y seguros” se traduce en menos fricción: pagar con credenciales guardadas, autenticación del dispositivo y flujos de checkout más cortos.

También hay un efecto de aprendizaje: quien compra en línea se acostumbra a pagar digitalmente, y esa costumbre puede trasladarse a compras presenciales. La pandemia de Covid-19 funcionó como un catalizador de este comportamiento: muchas personas evitaron el contacto con dinero físico y mantuvieron el uso de pagos electrónicos después. En ese sentido, el e-commerce no solo refleja la digitalización: la entrena.

Finalmente, el comercio electrónico sirve como termómetro de confianza: el mensaje es que el usuario promedio encuentra suficientes razones para preferir instrumentos digitales, incluso cuando el efectivo sigue siendo dominante en el mundo físico.

Evolución de las billeteras digitales en transacciones

Canal Participación de billeteras (2025) Participación de billeteras (2030, proyección) Principales players mencionados
Comercio electrónico 26% 30% Mercado Pago, PayPal
Puntos de venta (POS) 9% 14% Apple Pay, Google Wallet

Las billeteras digitales aparecen como uno de los motores más claros del cambio en México. El Global Payments Report 2025 proyecta un crecimiento sostenido tanto en comercio electrónico como en puntos de venta. En e-commerce, su participación en el valor de transacciones subiría de 26% en 2025 a 30% en 2030. En POS, el avance sería aún más visible por el punto de partida: de 9% en 2025 a 14% en 2030.

Este crecimiento no ocurre en el vacío: se apoya en plataformas que ya encabezan la adopción en el país. El reporte menciona a Mercado Pago y PayPal como líderes, mientras Apple Pay y Google Wallet continúan ampliando su presencia. La combinación es relevante porque cubre distintos casos de uso: billeteras con fuerte integración en ecosistemas de comercio electrónico y billeteras orientadas al pago sin contacto en el mundo físico.

La evolución de las billeteras también se entiende como una respuesta a lo que el consumidor valora: rapidez, simplicidad y seguridad. En la práctica, una billetera reduce pasos (no teclea datos cada vez), centraliza métodos de pago y, en algunos casos, habilita experiencias sin contacto. Esa propuesta encaja con un mercado que, aunque mantiene una base amplia de efectivo, muestra “creciente apertura” a alternativas digitales.

En puntos de venta, el salto de 9% a 14% proyectado para 2030 sugiere que las billeteras no se quedarán confinadas al e-commerce. Su expansión depende de la aceptación en comercios y de la familiaridad del usuario. Por eso, iniciativas que empujen el pago digital en compras recurrentes —como combustible— pueden ser un puente: si el consumidor usa una billetera o una tarjeta de forma repetida en un gasto frecuente, el método se vuelve parte de su rutina.

En el tablero competitivo, las billeteras no desplazan de inmediato a las tarjetas; más bien, se montan sobre ellas o conviven con ellas. Pero sí cambian el “cómo” se paga: del plástico al teléfono, del número a la credencial tokenizada, del efectivo al flujo digital. Y ese cambio, aunque parezca incremental, es el que termina moviendo porcentajes a lo largo de los años.

Dominio de tarjetas en el comercio electrónico

Las tarjetas siguen siendo el instrumento dominante en el comercio electrónico mexicano. En 2025, las tarjetas de crédito, débito y prepago concentraron 57% del valor de las transacciones en e-commerce. La proyección hacia 2030 apunta a que mantendrán el liderazgo, aunque con una ligera disminución a 54%, en parte por el crecimiento de las billeteras digitales.

Dentro de ese dominio, el reporte distingue comportamientos por tipo de tarjeta y canal. En compras en línea, las tarjetas de crédito mantienen el liderazgo, lo que suele asociarse a la preferencia por financiamiento, protección percibida y uso histórico en e-commerce. En establecimientos físicos, en cambio, las tarjetas de débito conservan una mayor participación, reflejando un patrón de gasto cotidiano y control de presupuesto.

Evolución del mix de pagos

  • Crédito vs. débito por canal: el crédito suele pesar más en online por financiamiento y “protección percibida”; el débito suele pesar más en físico por gasto cotidiano.
  • Convivencia con billeteras: muchas billeteras funcionan como “interfaz” y la tarjeta sigue siendo la fuente de fondos; por eso pueden crecer billeteras sin que las tarjetas desaparezcan.
  • Lectura de la proyección (57%→54% en e-commerce): más que pérdida, suele indicar diversificación del mix digital (más billeteras) con el efectivo cada vez más marginal en online.

En puntos de venta, las tarjetas también son el pilar: en 2025 representaron 52% del valor de las transacciones. Esto es clave para entender por qué la caída del efectivo no depende de un solo método alternativo, sino de un “bloque” digital donde las tarjetas aportan volumen y las billeteras aportan crecimiento.

El dominio de tarjetas tiene implicaciones para la estrategia de digitalización. Si el objetivo es reducir efectivo, la ruta más directa suele ser ampliar aceptación y uso de tarjetas (y sus variantes) en sectores donde el efectivo aún manda. Pero el reto no es solo tecnológico: es de hábito. Por eso, el énfasis en pagos “rápidos, simples y seguros” y en campañas que normalicen el pago digital en transacciones frecuentes.

También hay un elemento de continuidad: incluso cuando el usuario adopta billeteras, muchas veces la fuente de fondos sigue siendo una tarjeta. En ese sentido, el dominio de tarjetas no necesariamente se contradice con el auge de billeteras; puede ser parte del mismo proceso de transición, donde la tarjeta es el riel y la billetera es la interfaz.

La proyección de que las tarjetas bajen de 57% a 54% en e-commerce hacia 2030 no sugiere debilidad, sino madurez: el mercado se diversifica, y el crecimiento incremental se reparte entre más opciones digitales, con el efectivo cada vez más arrinconado en el canal en línea.

Comparativa del uso de efectivo en América Latina

País Efectivo en POS (2025, valor de transacciones)
México 40%
Colombia 32%
Perú 30%

A pesar del avance de los pagos digitales, México sigue destacando por su alta dependencia del efectivo en el mundo físico. En 2025, el efectivo representó 40% del valor de las transacciones en puntos de venta, lo que lo coloca como el país de América Latina con mayor uso de efectivo en establecimientos físicos, por encima de Colombia (32%) y Perú (30%).

La comparación es útil por dos razones. Primero, dimensiona el punto de partida: México no está “tarde” en digitalización por falta de alternativas —tarjetas y billeteras ya tienen peso—, sino por la persistencia del efectivo en la vida cotidiana. Segundo, sugiere que hay espacio para converger hacia patrones regionales con menor uso de efectivo, siempre que se expanda infraestructura y aceptación.

El reporte y las declaraciones asociadas subrayan que el efectivo mantiene una participación relevante, especialmente entre segmentos subbancarizados y en compras de menor monto. Esa característica ayuda a explicar por qué México puede liderar el uso de efectivo en POS aun cuando en e-commerce el efectivo es apenas 9%: el canal físico concentra transacciones pequeñas, informales o de alta frecuencia donde el efectivo sigue siendo práctico para muchos.

Al mismo tiempo, la tendencia regional es clara: conforme crece la infraestructura digital y los comercios adoptan nuevos métodos, el efectivo retrocede. México no es la excepción; la proyección a 2030 (35% en POS) apunta a una reducción gradual. La pregunta no es si bajará, sino qué tan rápido y con qué palancas.

En ese contexto, las iniciativas sectoriales cobran relevancia. Si un país con alto uso de efectivo logra mover un sector cotidiano —como el combustible— hacia pagos digitales, puede generar un efecto demostración: más aceptación, más confianza, más repetición. Y la repetición es lo que convierte una opción en hábito.

La comparación con Colombia y Perú no implica que México copie un modelo único, pero sí que el margen de mejora es real. La brecha de 8 a 10 puntos porcentuales en 2025 muestra que la transición mexicana tiene recorrido, y que el avance dependerá tanto de tecnología como de inclusión y de incentivos que hagan atractivo dejar el efectivo.

Iniciativas para fomentar pagos digitales en gasolineras

El combustible se ha convertido en un frente estratégico para acelerar la digitalización de pagos en México. La lógica es simple: cargar gasolina es una transacción frecuente, extendida en todo el país y con un ticket que, para muchos consumidores, hace incómodo el manejo de efectivo. Por eso, impulsar el pago digital en gasolineras puede “crear hábito”, un punto que subrayó Juan Pablo D’Antiochia, gerente general de Enterprise de Global Payments para América Latina.

A partir de julio, el gobierno federal junto con bancos comenzarán una campaña para incentivar el uso de pagos digitales en la carga de combustibles en todo el país. La medida se enmarca en una estrategia nacional para reducir el uso de efectivo y digitalizar la economía. El énfasis no está solo en la promoción, sino en la repetición: cuando un consumidor se acostumbra a usar un método de pago de forma recurrente, “en general no lo deja de hacer con el paso del tiempo”, según el directivo.

Impulsa Pagos Digitales Sin Fricción

  • En punto de venta: señalización visible de métodos aceptados (tarjeta, contactless, billeteras) y capacitación rápida al personal para evitar “rechazos por operación”.
  • Incentivo claro y simple: que el usuario entienda el beneficio en 5 segundos (por ejemplo, ahorro por comisión o recompensa), sin letras pequeñas.
  • Flujo sin fricción: terminal lista, conectividad estable y alternativa si falla (por ejemplo, segundo adquirente o modo offline si existe).
  • Comunicación post-pago: recordatorio en ticket/app para reforzar el hábito (“pagaste digital, fue más rápido”).
  • Medición semanal: tasa de pagos digitales, rechazos y tiempos de cobro para corregir antes de que el usuario regrese al efectivo.

La experiencia internacional, de acuerdo con D’Antiochia, muestra que cuando los usuarios adoptan herramientas digitales de manera recurrente, difícilmente regresan a esquemas tradicionales. Como antecedente, citó el impulso que dio la pandemia de Covid-19 a los pagos electrónicos: muchas personas evitaron el contacto con dinero físico y esa preferencia se mantuvo.

Además del componente conductual, hay beneficios operativos y de política pública. Iniciativas de este tipo favorecen mayor transparencia en operaciones comerciales y facilitan el control y la regularización de transacciones. Para el consumidor, el atractivo es la comodidad: evitar manejar grandes cantidades de efectivo.

Como contexto operativo de 2026, también se reportó un acuerdo para reducir a cero las comisiones en pagos con tarjeta y vales en gasolineras durante una ventana temporal (mencionado públicamente por medios como Expansión y en comunicados en gob.mx). Ese tipo de palanca suele buscar que el primer uso sea “sin castigo” para acelerar la prueba y la repetición.

El reto implícito es que el incentivo debe ser suficiente para vencer la inercia del efectivo en un sector históricamente intensivo en cash. Pero el objetivo de la campaña es precisamente ese: convertir una acción repetida (pagar combustible) en un punto de entrada a la economía digital, con efectos que se extiendan más allá de la estación de servicio.

Factores que impulsan la adopción de pagos digitales

La caída proyectada del efectivo en México no se explica por un solo detonante, sino por la convergencia de preferencias del consumidor, expansión de opciones y empuje institucional. En el centro está un cambio de percepción: los consumidores muestran una creciente apertura hacia métodos de pago más rápidos, simples y seguros, según el directivo de Global Payments citado en el reporte.

Adopción y persistencia de pagos digitales

  • Base instalada (2025): tarjetas con 52% del valor en POS y 57% en e-commerce; billeteras con 9% en POS y 26% en e-commerce (proyecciones del Global Payments Report 2025).
  • Tendencia de uso móvil: el uso de apps bancarias subió de 54.3% (2021) a 69.1% (2024) según reportes de prensa que citan mediciones de adopción (dato difundido por Publimetro).
  • Efecto “hábito”: D’Antiochia sostiene que, cuando el consumidor usa pagos digitales de forma recurrente, “en general no lo deja de hacer con el paso del tiempo”.
  • Palancas en combustibles: se reportó una campaña nacional desde julio y, en 2026, una ventana de comisiones cero en gasolineras (mencionada por Expansión y comunicados en gob.mx), diseñada para acelerar prueba y repetición.
  • Aceleradores externos: la pandemia de Covid-19 impulsó pagos electrónicos por evitar contacto con efectivo, y parte del cambio se mantuvo.

El primer factor es la disponibilidad y familiaridad de instrumentos digitales. Las tarjetas ya tienen un peso mayoritario en puntos de venta (52% del valor en 2025) y dominan el comercio electrónico (57% en 2025). Esto crea una base instalada: millones de transacciones ya ocurren en rieles electrónicos, y el crecimiento se apalanca en esa infraestructura.

El segundo factor es el ascenso de las billeteras digitales como interfaz de pago. Su participación proyectada al alza —de 26% a 30% en e-commerce y de 9% a 14% en POS entre 2025 y 2030— sugiere que el usuario adopta herramientas que reducen fricción y se integran a su vida digital. La presencia de plataformas como Mercado Pago y PayPal, y la expansión de Apple Pay y Google Wallet, refuerzan esa tendencia.

El tercer factor es el aprendizaje social y los shocks externos. La pandemia de Covid-19 aceleró la adopción de pagos electrónicos por razones sanitarias (evitar contacto con efectivo) y, de acuerdo con la experiencia descrita, ese cambio se mantuvo. No es un detalle menor: cuando una conducta se vuelve rutina durante meses, deja de sentirse “nueva”.

El cuarto factor es el empuje coordinado entre autoridades y sector financiero. La campaña anunciada para incentivar pagos digitales en combustibles se plantea como parte de una estrategia nacional para reducir efectivo y digitalizar la economía. En mercados donde el efectivo es fuerte, estas señales importan: ayudan a alinear a comercios, bancos y consumidores hacia un mismo objetivo.

Finalmente, está el factor hábito. D’Antiochia lo plantea como la pieza clave: una vez que el consumidor usa pagos digitales de forma recurrente, tiende a mantenerlos incluso si los incentivos iniciales desaparecen. Esa persistencia es la que, con el tiempo, mueve porcentajes nacionales.

Desafíos en la transición hacia un sistema de pagos digitales

La transición mexicana hacia pagos digitales avanza, pero no parte de un terreno homogéneo. El efectivo sigue siendo relevante, especialmente entre segmentos subbancarizados y en compras de menor monto. Ese dato —mencionado como explicación de la persistencia del efectivo— apunta a un desafío estructural: no todos los consumidores tienen el mismo acceso o la misma confianza en instrumentos digitales.

Otro reto es la brecha entre canales. En e-commerce, el efectivo es 9% del valor de transacciones en 2025; en puntos de venta, es 40%. La diferencia sugiere que el problema no es la inexistencia de métodos digitales, sino su adopción cotidiana en el mundo físico, donde influyen hábitos, aceptación del comercio y fricciones operativas.

También existe el desafío de sostener incentivos. El directivo de Global Payments reconoce que los incentivos para fomentar la digitalización han mostrado resultados positivos en distintos mercados de América Latina, pero suelen ser temporales y difíciles de sostener en el largo plazo. La apuesta, entonces, es que el hábito permanezca aun cuando el estímulo se retire. Esa hipótesis puede funcionar, pero requiere que la experiencia de pago sea consistentemente buena: rápida, simple y segura.

Equilibrios clave en pagos digitales

  • Inclusión vs. velocidad: empujar “todo digital” acelera la caída del efectivo, pero puede dejar atrás a personas sin cuenta, sin smartphone o con conectividad limitada.
  • Seguridad vs. fricción: más autenticación y controles pueden aumentar confianza, pero si el flujo se vuelve pesado, el usuario abandona o vuelve al efectivo.
  • Incentivos vs. sostenibilidad: descuentos/comisiones cero ayudan a arrancar, pero si no hay un modelo sostenible, el impulso se diluye.
  • Continuidad operativa vs. dependencia tecnológica: el efectivo funciona “sin sistema”; lo digital exige planes ante caídas, rechazos y fallas de red.

En sectores como el de combustibles, el cambio enfrenta resistencias naturales: el efectivo ha sido un medio dominante y, para muchos, sigue siendo el más inmediato. Por eso, la campaña para incentivar pagos digitales en gasolineras se presenta como un esfuerzo de gran escala: busca mover un comportamiento masivo, no solo sumar opciones.

Finalmente, está el desafío de la confianza y la percepción de seguridad. El reporte destaca que los consumidores se abren a métodos “más seguros”, lo que implica que la seguridad es un criterio de decisión. Si el usuario percibe riesgos —reales o imaginados—, puede volver al efectivo. En esa tensión se juega buena parte del ritmo de adopción: la digitalización no solo debe estar disponible; debe sentirse confiable y conveniente para desplazar al efectivo en el día a día.

Beneficios de la digitalización en el sector de combustibles

El sector gasolinero aparece como un punto de alto impacto para la digitalización por su volumen y recurrencia. Impulsar el pago de combustibles con medios digitales no solo busca reducir el efectivo: pretende generar un hábito que se mantenga en el tiempo. D’Antiochia lo resume en una idea conductual: cuando el consumidor se acostumbra a usar un método de pago de forma recurrente, generalmente no lo abandona.

Pagos digitales con trazabilidad

  • Consumidor: más comodidad (menos efectivo), pagos más rápidos y posibilidad de usar credenciales guardadas (tarjeta/billetera).
  • Estación de servicio: menos manejo de efectivo, mejor orden administrativo y trazabilidad operativa.
  • Autoridades: mayor visibilidad de transacciones y apoyo a la formalización mediante registros digitales.

Para las estaciones de servicio, la digitalización trae beneficios ligados a la operación y al control. El directivo señala que estas iniciativas favorecen una mayor transparencia en las operaciones comerciales y facilitan el control y la regularización de transacciones. En un sector donde el flujo de efectivo puede complicar la trazabilidad, el pago digital deja registros y ordena procesos.

Para las autoridades, la misma trazabilidad es un incentivo: más transparencia y mayor capacidad de supervisión. Sin entrar en cifras adicionales, el argumento central es que la digitalización ayuda a formalizar y a hacer más visible el flujo económico asociado a un consumo masivo.

Para el consumidor, el beneficio inmediato es la comodidad: pagar sin cargar grandes cantidades de efectivo. En una compra como el combustible —que puede representar un gasto relevante—, evitar el efectivo reduce fricción y, para algunos, también reduce la preocupación por seguridad personal asociada a portar dinero.

Además, el sector puede funcionar como “escuela” de pagos digitales. Si el usuario paga gasolina con tarjeta o billetera, y repite esa acción semana tras semana, la barrera psicológica cae. Ese aprendizaje puede trasladarse a otros comercios físicos donde el efectivo aún domina.

El punto clave es que el combustible no es solo un rubro más: es un momento de pago recurrente y extendido. Por eso, una campaña nacional enfocada en gasolineras tiene potencial de acelerar la transición general, contribuyendo a la tendencia proyectada: menos efectivo en puntos de venta y más peso de tarjetas y billeteras hacia 2030.

La Transformación de los Pagos en México: Hacia un Futuro Digital

La trayectoria que dibujan las proyecciones no es la de un país “sin efectivo”, sino la de un México donde el efectivo pierde terreno de manera constante frente a instrumentos digitales. Los números del Global Payments Report 2025 sintetizan el rumbo: el efectivo bajaría tanto en puntos de venta como en comercio electrónico. En paralelo, las billeteras digitales ganan participación y las tarjetas sostienen el volumen principal.

La Evolución de los Métodos de Pago en el País

El mapa de pagos se está reequilibrando. En 2025, las tarjetas ya concentraban 52% del valor en puntos de venta y 57% en e-commerce, mientras las billeteras digitales avanzaban con fuerza: 9% en POS y 26% en e-commerce. La proyección a 2030 mantiene a las tarjetas como columna vertebral, pero con un crecimiento más visible de billeteras (hasta 14% en POS y 30% en e-commerce

Este análisis editorial se elaboró en PagoonlineMexico, el blog de Sofia Cruz, con enfoque en la evolución de pagos digitales en México a partir de los datos del Global Payments Report 2025 y las iniciativas públicas descritas.

Las cifras de participación y las proyecciones 2025–2030 se basan en estimaciones de fuentes públicas disponibles al momento de redacción y pueden variar. Las iniciativas en gasolineras (campañas, acuerdos y comisiones) están sujetas a cambios de calendario, alcance o implementación. Antes de tomar decisiones operativas, confirma las condiciones vigentes con tu banco, adquirente o la comunicación oficial más reciente.

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